miércoles, 12 de julio de 2017

Gracias por dejarme, aprendí a darme mi lugar

No soy el único ni mucho menos, pero pasar por un rompimiento amoroso después de estos meses me ha representado un reto difícil de superar. Intento ser lo más consciente posible de mi proceso de duelo, de las heridas profundas que aún están en mi, e intento cerrarlas un poquito cada día.

Me convenzo a mí mismo y de hecho creo firmemente en que me hiciste un enorme favor al dejarme, cada día que pasa veo con más claridad cuanto amor dejé por ti esparcido en el camino, y de eso no me arrepentiré jamás. Cada día que pasa intento tener más sentido de gratitud por haberte conocido, por todo lo que me enseñó cada momento a tu lado, y aunque parezca tonto, agradezco sobre todo esos momentos en los que yo permití que me lastimes.

Nunca antes había tenido una pareja con la que sentí que soy la menor de sus prioridades, nunca antes me habían dejado plantado a última hora con las ilusiones hechas de una noche juntos, nunca antes había esperado tantos días para escuchar de nuevo un “te amo”, nunca antes me había sentido así de solo estando en pareja.

Confieso que tengo mucho miedo de volverte a ver, me costó tanto despojarme de todo lo que me recuerda a ti, evito pasar por los lugares que sé que frecuentas, nunca pregunto por ti, a nadie, y estoy seguro que, en resguardo de mi salud emocional, nunca más te escribiré ni llamaré. No hay mejor manera de dejar atrás este infierno de nostalgias. Estoy menos quebrado día que pasa, pero acepto que aun me cuesta, que contengo lágrimas cuando recuerdo como tus besos y abrazos me hacían volar.

Ahora intento que todo eso sea materia prima para comprender que, de haber seguido juntos, me esperaba una vida de soledad acompañada, de miedo y de esperas recurrentes mendigando cariño, y voy comprendiendo que, incluso solo, estoy mejor que contigo. Comprendo ahora que quiero una relación completa, no a medias.

Puede que nunca entienda tu forma de amar, pero está claro que de esa manera que tu decías amarme, lo tuyo fue cualquier cosa menos amor, porque quien ama de verdad lucha en lugar de alejarse cada vez que hay un problema, quien ama de verdad se queda a tu lado cuando te dicen “no te vayas, te necesito por favor”, quien ama de verdad escucha, y cada vez me queda más y más claro que tú no me escuchabas, que nunca llegaste a ver que tenías ante ti a un hombre dispuesto a darte todo el amor imaginable por el tiempo que la vida se lo permita.

No quiero pensar que fuiste un error, pero por ahora la tristeza que siento me hace verlo con esa distorsión, como si la tristeza fuera un filtro confuso que condiciona mi percepción de la realidad; quiero más bien pensar que llegaste a mi vida para enseñarme a quererme más, para no volver a permitirle a nadie tratarme de la manera que tú me trataste. Sé que el tiempo me sanará y que finalmente lograré entender todo esto, que cuando las heridas estén cerradas solo quedará sentir gratitud por todo lo compartido, bueno y malo, que podré cerrar este episodio de mi vida sin ningún resentimiento, pena, ni reclamo alguno, y con el enorme beneficio de conocerme mucho más y de volver a atreverme a amar, sin cobardía, con más fuerza y determinación de la que he podido amar hasta ahora.

lunes, 26 de junio de 2017

Nos separamos, pero si te veo con otro te mato y lo mato



Una radiografía del ex enamorado compulsivo, irracional y violento


A lo largo de mi vida he tenido -más de lo que hubiese querido- que lidiar con la clásica situación de comenzar a salir con una nueva pareja y de entrada recibir las amenazas del ex chico, quien por el simple hecho de enterarse que su ex está comenzando una nueva relación, asume por defecto que aún tiene el derecho de controlarla posesivamente, como si se tratara de su propiedad perpetua.

He vivido en carne propia estas situaciones al menos cinco veces, el caso más patético se dio cuando estaba en la universidad, salí un fin de semana con una chica que me gustaba muchísimo, el ex apareció en el boliche y fue inevitable que se produzca la pelea a puñetazos. No importaba si era yo o cualquier otro X, el único propósito es agredir a quien atente amenazar su propiedad, su territorio. Es tan penoso constatar en talleres de masculinidades, que la mayoría de los hombres hemos pasado en algún punto de nuestras vidas por escenas de violencia entre hombres, cosa que nunca debiera ser justificable.

Detrás de esta enferma conducta subyace un complejo problema de masculinidad tradicional que se expresa en varios síntomas: por un lado queda claro que a este tipo de sujeto posesivo nunca le enseñaron que las mujeres son personas libres con plenos derechos de decidir el momento que una relación termina y que NADA justifica amenazar o agredir, ni antes, ni durante ni después de la relación. Por otro lado, este arquetipo de macho compulsivo jamás aprendió a lidiar con la frustración y jamás se enteró que el duelo y depresión posterior al rompimiento de pareja no se resuelve a puñetazos. Como bien se sabe, la agresión solo puede generar más agresión, profundizando los conflictos inter personales y emocionales.

Este es el típico modelo de primate retrógrado y subnormal que toda mujer puede identificar fácilmente por: el control de tu manera de vestir para salir; la revisión de tu celular, de tus contactos y redes sociales; los celos obsesivos sobre tus amistades y ex parejas, los chistes sexistas/homofóbicos, o la distribución inequitativa de derechos (él puede salir a bolichear, ella no).

Detrás de estos síntomas hay una naturalización de la violencia de niveles muy preocupantes, estamos ante la figura de hombres (tristemente la mayoría) absolutamente incapaces de hacerse cargo de sus emociones y actitudes, que prefieren el camino cómodo de ser pobres víctimas, de pensar que "todas mis desgracias se deben al mundo cruel que confabula contra mí", y así, nos volvemos incapaces de racionalizar y resolver una situación de manera concertada y con la debida calma.

En situaciones de rompimiento amoroso es fundamental que los hombres aprendamos, primero, a dialogar con nosotros mismos, auto analizarnos, encontrar dónde nos equivocamos para evitar volver a cometer los mismos errores, y además tomar conciencia de si hemos actuado de forma agresiva y violenta. Pero nada de eso es posible si nos educan bajo un paraguas de privilegios patriarcales, que justifica desde los celos hasta el ejercicio de la violencia.

Estas actitudes tan dañinas requieren tratamiento profesional urgente porque no se resuelven por el azar del destino (salvo rarísimas excepciones). No es casual que cuanto más machista el entorno en el que nos hemos educado, menos capacidad tenemos los hombres de auto analizarnos y actuar responsablemente.

Lo valiente no es irse a los puñetazos, lo valiente es atrevernos a salir de este esquema de actitudes y prácticas primitivas, irracionales, cobardes, egoístas y agresivas; es urgente aprender a aceptar que cuando una mujer nos termina, lo que corresponde es distanciarnos con dignidad y dejar que quien hemos amado rehaga su vida y encuentre el equilibrio y la felicidad que no estaba encontrando con nosotros. Qué lejos estamos de comprender que amar de verdad a alguien, es ser feliz en la medida en la que esa persona es feliz, así no sea con nosotros a su lado. Pero no, estamos a años luz de abrazar nuestros sentimientos y afectos de esa manera, estamos enfermos de aberrantes actitudes controladoras y posesivas que derivan en prácticas violentas; estamos en resumidas cuentas, en un estado primitivo de manejo emocional en pleno siglo XXI.

En un mundo en el que más del 80% de los asesinatos se cometen a manos de hombres, nos enfrentamos cotidianamente a un problema muy complejo y profundo que requiere acciones inmediatas. Empecemos por educar a nuestros hijos hombres reflexionando junto a ellos sobre los estímulos machistas y misóginos que reciben a diario de su entorno social. Apostemos por los niños, pues está claro que nuestra generación ya está demasiado dañada y extraviada como para pretender cambios significativos.


jueves, 22 de junio de 2017

10 razones por las que hace más de una década dejé de ser católico

  1. Pedofilia: existe evidencia sobrada de las atrocidades cometidas, a todo nivel, desde los asesores cercanos al Papa, hasta los curitas de pueblo; están comprobados miles de miles de casos de pedofilia en casi todos los países del mundo, los autores han negando toda responsabilidad por tan horrendos actos.
  2. Dogmas: éstos no tienen cabida en mi mente, abrazo cada vez con más fuerza el pensamiento científico, lo que conlleva cuestionar dogmatismos y fundamentalísimos. No concibo adoctrinamiento alguno que condicione mi pensamiento basado en curiosidad, contradicción, evolución y cambio.
  3. Maniqueísmo: dividen al mundo en buenos y malos, un mundo sin matices ni grises, “o estás con nosotros o estás en contra”; predican de amor al prójimo escudados en una perversa manipulación, pues solo así logran acólitos desamparados y miedosos.
  4. Mentira y contradicción: son innumerables las contradicciones y mentiras que por dos milenios defendieron hablando a nombre de una divinidad. Hoy avalan (porque no les queda otra) contenidos pedagógicos y científicos por los que persiguieron, torturaron y mataron por siglos. Sí, han pedido perdón por la inquisición, la persecución de judíos, la condena a Galieo Galilei (por proponer que la tierra gira alrededor del sol), el exterminio de indígenas durante la colonia, y otros episodios vergonzosos de terror e injusticia promovidos por la iglesia. Pero ni aun así han dejado de perseguir y promover el odio, el miedo, las culpas y los castigos.
  5. Homofobia, lesbofobia y transfobia: promueven la persecución homofóbica, el odio y la represión a personas LGBT, a quienes insultan, descalifican y señalan justificando incluso la violencia contra ellas, personas condenadas no por lo que hacen, sino por lo que son. Utilizan toda su influencia y poder económico para impedir que las leyes reconozcan y promuevan derechos humanos fundamentales. Así como pidieron perdón antes, presumo que lo harán de aquí a algunas décadas, pedirán perdón por estas injustificadas y horrendas acciones contra personas cuyo único pecado es tener una identidad sexual que los clérigos están a años luz de comprender.
  6. Misoginia: El desprecio por las mujeres es parte indisoluble de su ADN, la Biblia cita con claridad pasajes que hacen referencia al papel de subyugación y servicio que la mujer debe cumplir bajo el mando masculino. Cualquier intento de emancipación será castigado, cualquier acto de rebeldía será culpado.
  7. Racismo y genocidio: llegaron hace cinco siglos a este continente para decir que los indígenas no tenían alma, el resto de la historia es por demás conocida: abusos, violaciones y muerte por más de 400 años.
  8. Culpa y miedo: nos han castigado la vida entera con sentimientos de culpa por disfrutar de algo tan hermoso y natural como la sexualidad, con un discurso retrógrado, machista y misógino. ¿Quién pude ser feliz siendo satanizado por cada acción que involucre sentir placer fuera de sus parámetros restrictivos y perversos?
  9. Lobby anti derechos humanos: durante siglos se han opuesto a la consolidación de los derechos humanos, especialmente en derechos sexuales y reproductivos, atemorizando al mundo con falsos argumentos, concibeindo y defendiendo una sola forma de familia patriarcal y heteronormada, cuando en la práctica hay tantas alternativas de familias -así en plural-, cada una con enorme potencial de entorno saludable y feliz. No contentos con ello, han impedido sistemáticamente el avance de la ciencia, culpando, castigando y odiando al que proponga o amenace sus mezquinos intereses, sus dogmas incoherentes e injustificados, así como su absoluta incapacidad de comprender los cambios sociales.
  10. Deuda histórica con la humanidad: es mucho pedir, pero ojalá que todo lo descrito aquí les haga reflexionar algún día, día en el que no alcanzará pedirle perdón al mundo, necesitaremos que corrijan en serio todas estas atrocidades y que tomen las medidas que debieran tomar por un mínimo sentido de responsabilidad y conciencia. Juzgue usted si pido demasiado.
Para alivio, su poder es cada vez menor y sus argumentos cada vez más débiles y contradictorios. Llegará el día en el que sus iglesias no serán más que simples atractivos turísticos, y sus dogmas y preconceptos, antiguas referencias de aquello que toda persona racional y que busca el bienestar propio y de otros, no debe hacer.